Hay viajes que te cambian por dentro… y luego está el safari de Mariló Montero, que directamente la casó sin que ella lo supiera.
Sí, sí: casada. Con un africano. Y desde 2018. Así lo confesó —con la naturalidad de quien te cuenta que ha comprado flores— sobre el escenario del show de Valeria Ros, su compañera y amiga tras su victoria en MasterChef Celebrity.
Porque si algo está claro es que Mariló está en racha: triunfo profesional, nuevo impulso mediático… y, por lo visto, un estado civil bastante más interesante de lo que nadie imaginaba.
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Un safari, un guía… y mariposas inesperadas
La historia empieza en Namibia. Mariló, en modo exploradora total, decide bajarse del todoterreno “entre bicho y bicho”, como ella misma cuenta con humor. El conductor —un hombre de sonrisa luminosa y mirada de esas que no se olvidan— se ofrece a acompañarla a un lugar seguro. Detalle elegante, atento… y aparentemente inocente.
Durante el paseo, él se entretiene trenzando una pulsera con ramas frescas. Un gesto sencillo, casi poético. Se la entrega. Ella se la pone. Y aquí es donde el destino sonríe: esa pulsera no era un souvenir. Era un símbolo de matrimonio en su cultura. Un “sí, quiero” vegetal en toda regla.
Mariló, claro, no tenía ni idea. Pero sí recuerda perfectamente lo que sintió: “Me empezaron a entrar mariposas… muy coqueta”, confesó entre risas.
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El momento “película romántica”
El viaje seguía y la tensión chispeaba en el aire. En la comida con el grupo, él no dejaba de mirarla. Ella, encantada. Y el último día, cuando se dirigían al aeropuerto, sucedió la escena final de cualquier comedia romántica que se precie.
Él corriendo detrás del coche. El vehículo frenando. La puerta abriéndose. Mariló bajando. Y un beso de esos que se recuerdan años: “Un morreo… una cosa… me volvió loca”, relató.
Solo entonces él le explicó el significado de la pulsera que llevaba en la muñeca: estaban casados. Marido y mujer. En plena sabana africana.
La magia —porque fue magia— tuvo la mala costumbre de aparecer el último día. No hubo tiempo para más aventuras ni para saborear como merecía a su improvisado marido. No se volvieron a ver. Pero ahí queda la historia: un matrimonio inesperado, poético, y contado con la gracia y la honestidad de una mujer que vive sin perder la curiosidad ni las ganas.
Al final, Mariló se lleva un recuerdo imborrable de aquella aventura africana: una historia de amor que surgió donde menos lo esperaba, con un toque de magia, espontaneidad… y una pulsera que cambió su vida. Porque a veces el amor no avisa, se aparece en la sabana y te da un “sí, quiero” sin previo aviso. Y ella, con su habitual sentido del humor y la naturalidad que la caracteriza, solo puede sonreír y decir: “Qué se le va a hacer… la vida está llena de sorpresas maravillosas”.
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