Así fue la boda de Ana Cuesta: una celebración con alma valenciana y una fiesta inolvidable
Hay bodas bonitas. Hay bodas con personalidad. Y luego están esas celebraciones que consiguen contar una historia, un lugar y una forma de vivir. La de Ana Cuesta y Guillermo Calavía pertenece a esta última categoría.
La presentadora de informativos de fin de semana de La Sexta eligió Valencia —su ciudad— para darse el “sí, quiero” en una celebración que convirtió la tradición en algo absolutamente contemporáneo: ceremonia en pleno centro histórico, invitados del mundo de la televisión y una fiesta que terminó al más puro estilo valenciano, con mascletà incluida. Porque cuando una boda habla tanto de quienes se casan, el resultado solo puede ser memorable.
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Una ceremonia en el corazón de Valencia
Hay iglesias que forman parte del paisaje de una ciudad y otras que además tienen ese aura especial que convierte cualquier entrada en un momento cinematográfico. Ana Cuesta y Guillermo Calavía eligieron celebrar su ceremonia religiosa en la iglesia de San Juan de la Cruz, uno de los templos históricos más emblemáticos del centro de Valencia. Un escenario con siglos de historia que aportó esa mezcla perfecta entre solemnidad, belleza y carácter. Rodeados de familiares y amigos, la pareja selló su compromiso en una ceremonia elegante, luminosa y profundamente conectada con las raíces de la novia.
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Una lista de invitados con acento televisivo (y mucho cariño)
Si algo quedó claro durante el enlace es que Ana Cuesta está rodeada de una gran familia profesional. Entre los asistentes destacaron numerosos rostros conocidos del mundo de la televisión y el periodismo, especialmente compañeros vinculados a La Sexta, cadena en la que la periodista presenta los informativos del fin de semana. Pero lejos del efecto photocall, la sensación fue otra: una boda donde los invitados parecían formar parte real de la historia de los novios.
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Del centro de la ciudad a una cartuja convertida en escenario de celebración
Después de la ceremonia, la celebración continuó en uno de esos lugares que parecen diseñados para crear recuerdos. La Cartuja de Ara Christi fue el escenario elegido para el gran festejo. Este antiguo monasterio cartujo, con siglos de historia, se ha convertido en uno de los espacios más especiales para bodas en la Comunidad Valenciana.
El plan tenía todos los ingredientes para conquistar a cualquier invitada: cóctel al aire libre, cena en el claustro y una fiesta posterior en la antigua iglesia del monasterio, hoy transformada en una espectacular pista de baile. Historia y celebración en una misma localización.
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Arroz, Fallas… y una mascletà para recordar de dónde vienes
Y entonces llegó el momento que convirtió esta boda en una auténtica declaración de intenciones. Durante el cóctel se disparó una mascletà.
Un guiño imposible de separar de la historia personal de Ana Cuesta, profundamente vinculada al universo fallero. Antes de desarrollar su carrera profesional en Madrid, formó parte de la corte de honor de la Fallera Mayor de Valencia y años después ejerció como mantenedora. Aquí no hubo dudas: Valencia estuvo presente en cada detalle.
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Un vestido con sello español para cerrar una boda con mucha personalidad
Para acompañar una celebración tan conectada con sus raíces, Ana Cuesta eligió un diseño firmado por Castellar Granados. El resultado fue una imagen nupcial elegante, actual y con ese equilibrio tan difícil entre sofisticación y naturalidad.
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Y quizá ahí esté la verdadera clave de esta boda: no intentó parecer otra cosa distinta a lo que era. No buscó seguir una tendencia concreta ni construir una estética desconectada de quienes son los novios. Apostó por algo mucho más difícil —y mucho más poderoso—: convertir su historia, sus raíces y su manera de celebrar en el hilo conductor del día.
Porque al final, las bodas que más inspiran no son necesariamente las más grandiosas ni las más virales. Son las que consiguen transmitir una sensación. Las que tienen detalles que hablan de una ciudad, de una familia, de una forma de entender la vida. Y en este caso, cada decisión parecía responder a la misma idea: celebrar desde la identidad.
Valencia estuvo presente en el escenario, en el ritmo del día, en la gastronomía, en el sonido inconfundible de una mascletà y en esa mezcla tan característica entre tradición y celebración que convierte cualquier encuentro en una experiencia colectiva.
El resultado fue una boda luminosa, festiva y elegante; una celebración con personalidad propia que demostró que el lujo no siempre está en hacer más, sino en hacer que cada detalle tenga sentido.
Porque hay bodas que son bonitas en las fotos. Y luego están esas que consiguen que, incluso vistas desde fuera, sientas que había verdad dentro. De esas que terminan y dejan una idea flotando: cuando una boda se parece de verdad a quienes la celebran, se vuelve imposible de olvidar.
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Fuente Lucia Se Casa https://ift.tt/gZWRw46




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