Hablamos con el fotógrafo Pablo Burillo sobre la fotografía documental de bodas, una mirada honesta y sin filtros que busca inmortalizar la verdadera esencia de cada pareja en su gran día.
Hay pasiones que nacen de manera completamente inesperada. En el caso de Pablo Burillo, siempre había sido aficionado a la fotografía, pero nunca se lo había planteado como una salida profesional. Todo cambió en 2017, cuando asistió a la boda de una de sus mejores amigas en la Colegiata de Santillana del Mar. Aquella ocasión, vivida por él como una oportunidad de capturar un entorno pintoresco y diferente a su entorno natal en Ciudad Real, se tradujo en un pequeño reportaje de regalo. La profunda emoción con la que su amiga recibió aquellas imágenes encendió la chispa que lo cambiaría todo.
Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó poco después, en 2018, con el nacimiento de su hija Lara. Diagnosticada con una cardiopatía congénita, la familia tuvo que trasladarse a Madrid para afrontar largas estancias hospitalarias. Tras encontrar un hogar gracias a la Fundación Menudos Corazones, con la que Pablo colabora desde entonces, y ante la complejidad de reincorporarse a su antiguo empleo, Burillo decidió dar un paso al frente. Con aquel primer reportaje improvisado creó un pequeño portfolio que envió a todos los fotógrafos de de la capital, logrando sus primeras oportunidades como segundo fotógrafo.
De vuelta en La Mancha, y ya con el gusanillo de las bodas completamente instalado, decidió emprender su propio camino. Tras un inicio exigente donde el boca a boca fue su mejor aliado, hoy vive de lo que más le apasiona: “Me encantan las bodas, me apasiona el torbellino de emociones que se vive en ellas. Y conocer gente maravillosa es la mejor parte. Me lo paso en grande fotografiando una boda, de verdad, y me dicen que es algo que se percibe desde fuera. Creo, sinceramente, que hay pocas cosas mejores para fotografiar o filmar y que debería tener mucho más reconocimiento dentro del sector de las artes visuales”.

Pablo Burillo eligió el estilo documental de forma natural, porque considera que es la mejor forma de contar una historia, la más objetiva y auténtica, como demuestra el fotoperiodismo. No obstante, suele salpicar sus reportajes con algunas pinceladas más artísticas, más “poesía” visual: “Creo que aporta frescura y variedad”.
Hablamos con él sobre su estilo, la importancia de construir una relación de confianza previa con las parejas y de cómo capturar imágenes que resistan el paso de los años.

La fotografía documental de bodas
¿Qué es para ti la fotografía documental de bodas?
La fotografía documental es la forma más natural y espontánea de contar qué sucede durante el día de vuestra boda. Se centra en la realidad de los acontecimientos y en reflejar de forma honesta, en un puñado de imágenes, todas las emociones y sensaciones que se suceden.

¿Cuál dirías que es la función básica de este tipo de fotografía con el paso del tiempo?
El día de la boda tiene una carga, una intensidad emocional bestial, es agotador emocionalmente hablando. Es un caso real de ese tópico de la “montaña rusa” de emociones: puedes reír, llorar de alegría o de tristeza, sentir miedo e inseguridad, euforia, nostalgia o melancolía… estar arriba y abajo en el mismo minuto.

Pienso, por ejemplo, en una pareja que ha recorrido un largo camino juntos, no siempre fácil, hasta verse al fin allí, cumpliendo el sueño de casarse. O en un padre que se da cuenta de que su hija no va a volver a ocupar su habitación desde el día siguiente.

O en una amiga que recorre medio mundo para no perderse tu gran momento. O en un familiar perdido recientemente tras una larga enfermedad y que no ha podido llegar a veros como matrimonio… Son situaciones que veo a menudo en las bodas, y que también forma parte del gran día.

Las fotos deben reflejar fielmente todos esos estados de ánimo y sensaciones vividas para poder llevaros a ese día dentro de muchos años. Creo que es la función básica de la fotografía documental de bodas: haceros revivir el día siempre que queráis. Porque dentro de diez o veinte años sólo conservarás los anillos, el vídeo y vuestras fotos de boda.

Todas esas emociones, las buenas y las menos agradables, son la parte real y honesta de vuestra boda. Forman parte de ella y también de vosotros mismos y de vuestra gente.

Una boda solo amable, de color rosa, solo con fotos de pareja posando perfectamente, como profesionales, casi asépticos, no es auténtica y, en mi experiencia, creo que no existe realmente. Eso es una portada de revista, es como ponerle el último filtro de moda a vuestra boda. Y los filtros suelen envejecer mal, se verán extraños dentro de varios años. Y lo que es peor, muy probablemente vosotros mismos no os reconoceréis en esas fotografías.

¿Cuál debe ser el objetivo último de todo fotógrafo de bodas?
Conseguir un reportaje de fotos o un vídeo que os lleve al día de vuestra boda en todos los sentidos, recordar lo que sentíais justo en esos instantes: ese debería ser el objetivo último de todo fotógrafo de bodas, en mi opinión.

Obtener fotos atemporales, fuera de modas pasajeras. Fotos que resistan el paso del tiempo y que sirvan como testigo fiel y veraz de lo que vivisteis ese día.

El estilo documental no depende del estilo de la propia boda. Cuenta la historia, lo que sucede durante vuestro día, seas quien seas y como seas.

La belleza de la boda está en la gente, en diferentes seres humanos relacionándose y viviendo un día único y feliz.

Por eso hay que buscar la honestidad, la realidad. No hay nada más bello que eso. Nada más intenso, feliz, apasionante o cruel que vuestra propia vida. Es un privilegio poder contar eso en imágenes para vosotros y hacerlo memorable.

Buscar la honestidad, clave en la fotografía documental
¿Cómo se logra esa naturalidad y honestidad en el relato fotográfico sin alterar el desarrollo de la boda?
Para conseguir esa honestidad, es esencial para mí encontrar un equilibrio durante el día entre momentos en los que no debo intervenir y momentos en los que sí puedo hacerme más presente y participar de la boda.

El fotógrafo no debería intervenir en el desarrollo normal de la boda, ni alterar el curso natural de los acontecimientos. Las fotos de boda no pueden definir los protocolos u horarios de ese día.

Pero tampoco podemos ser completamente invisibles, como una especie de voyeur ajeno a lo que va sucediendo delante de nuestros ojos, porque solo estando cerca de la acción, metiéndonos de lleno dentro de la escena, conseguiremos que las fotos y el vídeo devuelvan a las parejas de nuevo a ese momento, a esa sensación pasado un tiempo. Y que reflejen fielmente su personalidad, e incluso la de su gente.

Para obtener la naturalidad y la espontaneidad en las imágenes, debes conseguir ser, para las parejas, casi como un invitado más, como alguien a quien reconocen. De esa forma lo que “desaparece” es la cámara, y ellos se abren más a ti y sobre todo a disfrutar su día de una forma más auténtica.

Por eso, por ejemplo, funciona tan bien el recurso de repartir cámaras desechables entre los invitados. Porque las fotos que se consiguen (con un mínimo de criterio fotográfico, claro) son la esencia de la foto natural, espontánea, porque los novios no se sienten cohibidos ante un profesional, sino que están delante de sus propios familiares o amigos. Por eso hay que intentar que a nosotros también nos perciban así, si queremos obtener un relato fiel y auténtico del día de la boda.

Como fotógrafo, estás allí, eres parte del gran día, no puedes ni debes desaparecer completamente. La experiencia te dice cuando es mejor dar un paso atrás y dejar que todo fluya y cuando puedes o debes aportar algo físicamente, presencialmente.

Construir la confianza con la pareja
¿Consideras importante la relación con la pareja antes de la boda?
Creo que es esencial construir una relación de confianza con la pareja antes del gran día, e incluso con su gente, cuando esto sea posible. No podemos ser extraños para ellos, hay que involucrarse. Quedar para tomar un café o una cerveza me ha funcionado siempre mucho mejor que hacer una sesión de preboda. Porque puedes dedicar más tiempo a construir esa relación de confianza necesaria, a escuchar sus inquietudes, a aconsejar desde la experiencia, descubrir sus personalidades. Ver qué tienen en mente. Se establece una conexión más sincera, en mi opinión. Es mi forma de trabajar.

¿Cómo consigues capturar la esencia única de cada boda?
Todas las bodas siguen el mismo guion, pero cada una es diferente del resto, como las propias parejas. Durante el día del enlace hay que observar, entender las relaciones personales, charlar con los invitados, con la familia, desvelar la personalidad de la boda misma, percibir el ambiente y las diferentes sensaciones, incluso aquello que no se puede ver o tocar.

¿Cómo lidias con los nervios y la preocupación de las parejas tan frecuentes en una boda?
Lo normal es que las parejas sientan cierta inseguridad por la presión de tenerlo todo perfectamente organizado o por la idea de que no van a salir bien en las fotos. Con algo de empatía, debes saber cuándo bajar la cámara y dar un paso al lado. Ser amable, abierto y proactivo y ofrecer tu experiencia en bodas para solventar posibles contratiempos, incluso más allá de la realización del reportaje fotográfico, redundará, de nuevo, en una mayor confianza por parte de la pareja, la familia y los amigos, y por consiguiente, en fotografías más naturales y auténticas del día.

Personalmente, prefiero hacer un número más reducido de bodas al año para dedicar a cada pareja el tiempo necesario y siempre intento hacerles entender que la perfección no es un objetivo necesario, que probablemente haya mucho que improvisar ese día y que deben abrazar lo inesperado y hacerlo suyo.

Sobre todo, es muy importante que sean ellos mismos y que disfruten su gran día, porque no se repite.

Momentos en los que el fotógrafo documental sí debe intervenir
¿Cómo actúas en aquellos momentos del gran día en los que es inevitable intervenir, como en la sesión de pareja?
Efectivamente, hay momentos del gran día en los que no queda otra opción que intervenir y el más evidente es durante la sesión de pareja. Es fácil recurrir a aquello de “imaginaos que yo no estuviera”, pero en la práctica es complicado conseguirlo. Una dirección sutil y sencilla a la pareja y aprovechar esa confianza construida previamente con ellos, debería ser suficiente para llegar a un resultado maravilloso.

De nuevo, intento hacerlo con empatía y sabiendo a quién tengo frente a la cámara, respetando la forma de ser de cada uno. Hay gente tímida, rígida o muy seria. Gente que se pone nerviosa cuando levanto la cámara y les apunto. Y también hay modelos profesionales en potencia, a los que les encanta ser fotografiados. Por eso hay que intentar no forzar nada para obtener la imagen real de la pareja, de su personalidad. Puedes dar algún consejo general, pero sin presionar en absoluto.

¿Cómo organizas y desarrollas esa sesión de pareja en la práctica sin que sientan que se están perdiendo su propia boda?
Normalmente llevo a la pareja a un lugar cercano pero apartado, con una luz fantástica. Lo podemos hacer cuando la pareja lo prefiera a lo largo del día, aunque aquí siempre les intento aconsejar. Una vez allí, dejarles ser, dejarles estar. Uno centrado en el otro, simplemente. Que se relajen, que rebajen la tensión durante diez minutos y que aprovechen ese instante tranquilo a solas, porque tendrán pocos durante el día. Una copa de vino, una charla intrascendente y en un instante serán ellos mismos.

Tan sólo intento escucharles, que me cuenten cómo se conocieron, su mejor viaje, qué les gusta del otro o cómo va el día… mientras yo sigo disparando. Y les retengo poco tiempo, lo suficiente para que el día de mañana tengan un pequeño puñado de fotos de pareja sin que se hayan perdido nada de su gran día, ni un instante de estar disfrutándolo junto a su gente.

Pablo Burillo Fotografía
www.pabloburillo.com
+34 607 565 481 | pabloburillofoto@gmail.com
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