miércoles, 22 de julio de 2026

La boda de Susanna Griso: así será su romántico enlace frente al Mediterráneo

Hay historias de amor que llegan pronto y otras que, simplemente, llegan cuando tienen que hacerlo. La de Susanna Griso y Luis Enríquez pertenece a esta segunda categoría. Una historia cocinada a fuego lento que el próximo 25 de julio sumará un nuevo capítulo con un “sí, quiero” frente al Mediterráneo, en el mágico entorno de la Costa Brava.

Y no, no esperes una gran boda al uso. Ni protocolos imposibles, ni un banquete interminable, ni nervios de última hora. La presentadora de Espejo Público ha decidido hacer las cosas a su manera: con comodidad, mucha personalidad y poniendo el foco en lo verdaderamente importante. Porque si algo nos ha confesado en las semanas previas al gran día es que está más pendiente de encontrar los accesorios perfectos para los baños de su nueva casa que de sentirse “en capilla”.

Unos novios sin nervios (y con mucha ilusión)

Apenas unas semanas antes de darse el “sí, quiero”, Susanna sorprende por la serenidad con la que vive los preparativos. “Cero nervios”, asegura entre risas. El frenético ritmo de su día a día y la confianza de haber delegado parte de la organización le han permitido disfrutar del proceso con calma. “Nosotros somos muy viejos ya como para tener nervios” mencionaba entre risas el futuro marido de la presentadora.

Eso sí, hay algo que sí la mantiene completamente entregada: la decoración de la nueva masía que comparte con Luis en la Costa Brava. “Estoy más pendiente de terminar de decorarla que de la boda”, confiesa divertida. Quizá esa sea una de las claves de esta celebración: no se trata solo de organizar una boda, sino de construir un hogar y comenzar una nueva etapa juntos.

Una casa que cuenta su historia

Si hay algo que define a Susanna Griso es su pasión por la decoración. Su casa madrileña, que comenzó siendo minimalista, hoy habla mucho más de ella: fotografías familiares, recuerdos de viajes y obras de arte que han ido encontrando su lugar con el paso del tiempo.

“Reconozco que tengo cierto TOC”, bromea. “Quiero que los cuadros estén en su sitio, el sofá perfectamente puesto y que el cojín no se mueva”. Aunque convivir con una familia numerosa y tres perros le ha enseñado, inevitablemente, a relativizar.

 

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Una boda relajada junto al mar

La celebración comenzará la noche anterior a la boda con una fiesta junto al mar en un idílico chiringuito de la Costa Brava. Al día siguiente, familiares y amigos se reunirán en S’Agaró para asistir a la ceremonia y fiesta posterior. Serán cerca de 200 invitados, una cifra que inicialmente no estaba en sus planes, aunque tratándose de la pequeña de siete hermanos, reducir la lista nunca fue una opción sencilla. “Tuvimos la tentación de hacer algo más pequeño, pero con una familia tan numerosa era prácticamente imposible”, reconoce.

 

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Y fieles a su manera de entender la vida, Susanna y Luis han querido alejarse de las convenciones. No habrá mesas asignadas ni un banquete tradicional. La cena será un gran cóctel pensado para favorecer las conversaciones improvisadas, las risas compartidas y, por supuesto, mucho baile.

¿El dress code? Vestidos de inspiración bohemia, tejidos naturales y calzado cómodo. Una invitación a disfrutar de una boda sin rigideces y con el Mediterráneo como mejor escenario.

El vestido: comodidad, frescura y elegancia

Uno de los grandes interrogantes de cualquier novia es, inevitablemente, el vestido. Y Susanna ya ha adelantado algunos detalles. No será completamente blanco, sino un delicado blanco roto, y estará diseñado pensando en la comodidad. “Quiero que me permita moverme, bailar y que no me dé calor”, explica. La ceremonia será al aire libre y lejos de los protocolos más tradicionales, algo que también ha influido en la elección del diseño. Una novia elegante sí, pero sobre todo auténtica.

“Me apetece vivir con Luis los próximos 30 años”

Si hay una frase que resume el momento vital que atraviesa Susanna Griso es precisamente esta: “Me apetece vivir con Luis los próximos 30 años, aunque los últimos sean, como dice él, ‘en taca-taca'”.

Las palabras provocan inevitablemente una sonrisa. Porque hablan de un amor sereno, divertido y profundamente cómplice. Cuando le preguntan qué tiene Luis Enríquez para haberle devuelto las ganas de casarse, la respuesta llega sin dudarlo: “Es maravilloso: divertido, inteligente, con mucha vida y las ideas muy claras. Es un gran compañero”.

La pareja se conoce desde hace más de veinte años. Compartieron amistades y momentos importantes mucho antes de descubrir que la persona adecuada había estado siempre más cerca de lo que imaginaban. Después de diferentes caminos sentimentales, encontraron el momento perfecto para comenzar una historia juntos. A veces, el amor simplemente sabe esperar.

Una boda sin exclusivas y con los móviles permitidos

En tiempos de bodas convertidas en grandes producciones mediáticas, Susanna y Luis han tomado una decisión poco habitual: no habrá exclusiva. “Nos lo han propuesto varias veces, pero ninguno de los dos ha querido”, asegura la periodista. La pareja saludará a los fotógrafos y vivirá el resto de la celebración desde la más absoluta intimidad.

Tampoco prohibirán el uso de teléfonos móviles entre sus invitados, una tendencia cada vez más habitual en este tipo de enlaces. Sí contarán con una fotógrafa encargada de inmortalizar cada momento para el álbum familiar y no descartan compartir alguna imagen del vestido una vez haya terminado la ceremonia. Porque hay recuerdos que merecen conservarse exactamente como sucedieron.

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El mejor viaje ya lo hicieron

Por el momento, no habrá luna de miel. El gran viaje llegó antes de la boda: tres inolvidables semanas recorriendo Argentina que ambos recuerdan como uno de los regalos más especiales que se han hecho como pareja. El próximo gran destino llegará más adelante. Ahora toca disfrutar del presente.

La historia de Susanna Griso y Luis Enríquez nos recuerda que las segundas oportunidades también pueden convertirse en las más bonitas. Que las bodas no necesitan parecerse unas a otras para ser inolvidables. Y que quizá la verdadera elegancia esté precisamente ahí: en celebrar el amor tal y como es.

Sin nervios, sin artificios y con la ilusión intacta. Porque hay promesas que merecen hacerse mirando al mar.



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Fuente Lucia Se Casa https://ift.tt/1Wgso5i

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