La IA ya no solo organiza agendas o responde preguntas: también acompaña, y en algunos casos, se convierte en objeto de amor
La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en una presencia cotidiana. Desde asistentes virtuales que organizan agendas, hasta herramientas como ChatGPT que escuchan, responden y acompañan. La Ia ha empezado a ocupar espacios que antes eran exclusivamente humanos. Para muchos, se ha transformado en una especie de confidente que da consejos y acompaña en momentos de soledad, ansiedad o bloqueo.
Este nuevo tipo de vínculo, cada vez más normalizado, ha abierto un debate sobre los límites de la relación entre humanos y tecnología. Si una inteligencia artificial puede escuchar, responder con empatía y adaptarse a nuestras emociones, ¿hasta qué punto puede convertirse en algo más que una herramienta? En algunos casos, la respuesta ya no se queda en el terreno teórico. Hay personas que no solo establecen lazos emocionales con entes digitales, sino que deciden formalizarlos simbólicamente como una relación de pareja.
Japón como epicentro de estas relaciones tecnológicas
Japón, un país históricamente familiarizado con la convivencia entre tecnología, cultura pop y vida cotidiana, se ha convertido en el epicentro de una tendencia que desafía las nociones tradicionales del amor y el matrimonio: las bodas con personajes virtuales, desde avatares creados con inteligencia artificial, hasta figuras animadas icónicas del manga o el anime. Se trata de ceremonias simbólicas, sin validez legal, pero que para quienes participan en ellas tienen un profundo significado emocional. Estas uniones representan una nueva forma de decir “sí, quiero” en plena era digital, donde la tecnología no solo media en las relaciones dando consejos a parejas, sino que también se convierte en objeto de afecto.
Este tipo de bodas surgieron inicialmente entre la población otaku, caracterizada por una devoción intensa hacia el anime o el manga. Así lo explicó a EFE el organizar de bodas Yasuyuki Sakurai, que lleva más de 20 años trabajando en el sector nupcial. Sin embargo, lo que empezó como un fenómeno localizado ha traspasado fronteras y hoy despierta interés a nivel global. “Las consultas del extranjero superan ahora con crecer a las de Japón”, afirma. Sí, parece que no solo los japoneses se sienten atraídos por este tipo de bodas tan curiosas.
Detrás de estas uniones se esconde un concepto cada vez más estudiado: la fictosexualidad. Este término define la atracción sexual o emocional de los seres humanos hacia personajes ficticios o avatares digitales. Según datos de la Asociación Japonesa para la Educación Sexual (JASE), publicados en 2023, dos de cada diez adolescentes en Japón aseguran haberse sentido atraídos por este tipo de figuras virtuales.
Uno de los casos más conocidos es el de Akihiko Kondo, que en 2018 se convirtió en uno de los primeros japoneses en celebrar una boda con un avatar. La ceremonia se realizó sin la presencia de sus familiares, pero contó con unos 40 invitados y atrajo la atención de medios internacionales. El japonés le dio el “sí, quiero” a Hatsune Miku, una cantante virtual creada por la empresa Crypton Future Media, que se ha convertido en un icono cultural global.
El japonés gastó unos 10.000€ en hacer su boda realidad. “Antes trabajaba como administrador en una oficina donde sufría acoso laboral. Me encerré en casa viendo vídeos y escuchando sus canciones. Se convirtió en una fuente de apoyo emocional para mí. Ella me salvó”, explicó el novio.
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Sin embargo, el matrimonio no duró mucho porque Kondo también fue el primer viudo digital. La empresa que creó a esta muñeca, decidió dejar de ofrece el servicio por falta de demanda.
Un amor incomprendido
Desde ámbito académico, este fenómeno se analiza sin alarmismo. “Sentir amor por un personaje (digital) no significa que la persona no sepa distinguir la ficción de la realidad, simplemente ha proyectado un sentimiento real hacia un objeto que no es humano”, explicó a EFE Yuu Matsuura, sociólogo de la Universidad de Tokio y especializado en fictosexualidad.
Según este investigador, la intensidad emocional que puede generar un personaje ficticio es comparable a la de un amor platónico o no correspondido. Para quienes lo viven, el sentimiento es auténtico, aunque el objeto de afecto no lo sea. Historia como las que hemos comentado antes se repiten y ya son muchas las “bodas animadas” que se han llevado a cabo en Japón. Mika, una joven de 26 años, decidió casarse en 2024 con Yuushi Oshitari, un personaje de la serie El Príncipe del Tenis que descubrió durante la pandemia. Aunque esta había sentido atracción por personas reales en su adolescencia, explicó que las decepciones sentimentales la llevaron a volcarse emocionalmente en la ficción.
Matrimonios sin reconocimiento legal
Para quienes celebran estos matrimonios, estos enlaces no son tan distintos a los tradicionales, según cuentan otros novios refiriéndose a sus parejas “de mentira”. Aún así, para los que os choque leer este artículo, debéis saber que estos matrimonios no tienen reconocimiento legal, algo que lamentan las personas que deciden casarse de esta manera, puesto que siguen figurando como personas solteras.
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