Vacaciones perfectas en Instagram: por qué sentimos la necesidad de presumir de viaje
Piscinas infinitas, playas paradisíacas y atardeceres de película. ¿Por qué sentimos la necesidad de demostrar en Instagram que nuestras vacaciones son perfectas? Detrás de cada story veraniego hay mucho más que una simple foto
Hay algo que cambia en nuestras redes sociales cuando llega el verano. De repente, personas que durante el resto del año apenas publican nada comienzan a llenar sus stories de fotografías de playas, terrazas, viajes, comidas y planes divertidos. El móvil pasa a convertirse en una especie de reportero oficial de nuestras vacaciones: aquí el cóctel, allí los pies en la arena y, por supuesto, una puesta de sol porque parece que si no hay una, el viaje no cuenta. Y no es casualidad. El verano es especialmente “instagrameable”.
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Tenemos más tiempo libre, cambiamos de escenario y acumulamos experiencias que visualmente funcionan mejor que nuestra rutina habitual. Una piscina con agua cristalina tiene muchas más papeletas de convertirse en story que ocho horas delante del ordenador. Y seamos sinceros, una foto de una tumbona bajo una sombrilla entra mejor por los ojos que una de nosotros en casa en el sofá. Las redes sociales, además, han cambiado nuestra forma de entender las fotografías. Antes hacíamos fotos para recordar momentos, ahora, muchas veces también pensamos en cómo quedará ese momento publicado. El viaje deja de ser únicamente una experiencia que vivimos y se convierte, aunque sea de manera inconsciente, en algo que también queremos enseñar.
Los mejores momentos, en Instagram
Lo curioso es que nuestra vida no desaparece cuando apagamos la cámara. Seguimos trabajando, estudiando, preocupándonos por llegar a fin de mes, haciendo la compra, esperando el autobús o teniendo un día horrible, pero eso no se ve tan bonito como para compartir en las redes sociales. No solemos grabarnos mientras estamos nerviosos antes de una reunión, mientras llevamos tres horas repasando un rema o cuando estamos preocupados por algo que no sabemos cómo resolver.

En cambio, la piscina sí es interesante. También la copa frente al mar, el desayuno con fruta fit que casi nunca nos tomamos pero que para un día que pedimos hay que compartir, o ese vestido que llevamos esperando todo el año para estrenar en vacaciones. Porque lo cotidiano tiene poca escenografía.
La influencia de los influencers llega a todos
Durante años hemos visto perfiles de personas que muestran hoteles increíbles, restaurantes exclusivos, armarios impecables, casas con jardines como parques y viajes constantes. Aunque sepamos perfectamente que existe una selección detrás de esas imágenes, es inevitable que terminemos interiorizando esa forma de enseñar la vida. Y no hace falta ser influencer para caer en ello. Basta con tener Instagram y unas vacaciones.
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Quizás por eso durante el verano nuestras redes se parecen más a un catálogo de viajes que a un álbum familiar. Todos terminamos fotografiando cosas similares: la playa, la piscina, el avión, el cóctel, el restaurante, el atardecer o la habitación del hotel. Cambia el destino, pero la estructura siempre se repite. Y ahí aparece una pequeña contradicción: queremos diferenciarnos, pero acabamos mostrando las mismas imágenes que todo el mundo. Pero, ¿por qué sentimos la necesidad de compartir todo esto?
En parte, porque compartir nuestros mejores momentos es una forma de prolongar la experiencia. Cuando algo nos hace felices, queremos enseñárselo a los demás, contar dónde estamos, qué estamos haciendo y, de alguna manera, hacer partícipes a nuestros amigos y seguidores de aquello que estamos viviendo. También, durante esos días, rompemos con la rutina y hacemos cosas que normalmente no forman parte de nuestro día a día y precisamente, porque son momentos especiales, queremos compartirlos.

Otro motivo por el que colgamos todo en las redes es porque existe una pequeña necesidad de dejar constancia: “yo estuve aquí, esto me pasó y lo disfruté”. Las redes se han convertido en una especie de álbum de recuerdos público en el que no solo guardamos experiencias, sino que también las narramos ante los demás. El problema aparece cuando empezamos a sentir que un momento es todavía mejor si, además de vivirlo, podemos enseñarlo.
¿Queremos recordar o demostrar?
Esta es quizás la pregunta más interesante. Cuando publicamos una fotografía de nuestras vacaciones, ¿lo hacemos porque queremos guardar realmente ese recuerdo o porque queremos que los demás sepan que lo estamos viviendo? Probablemente ambas cosas.
Compartir un viaje puede ser una manera de mantener el contacto con nuestros amigos, enseñar un lugar que nos han encantado o simplemente guardar un recuerdo. Pero también puede existir una pequeña dosis de validación social: recibir respuestas, corazones o comentarios que confirmen que lo que estamos viviendo merece la pena. Y eso puede que, sin darnos cuenta, prestamos más atención a cómo se ve nuestras fotografías que a cómo lo estamos disfrutando.

El problema llega cuando nos comparamos…
Instagram tiene una peculiar habilidad para hacernos creer que todo el mundo está viviendo mejor que nosotros. Sobre todo en verano. Mientras tú estás trabajando un martes de agosto, alguien parece estar desayunando frente al mar, Mientras tú estudias para septiembre, otra persona está haciendo snorkel en aguas turquesas. Y mientras tú cenas un bocadillo porque no te apetece cocinar, alguien acaba de subir un story en un restaurante precioso.
Pero lo que estamos comparando no son dos vida completas. Estamos comparando nuestra vida real con una selección cuidadosamente escogida de la vida de otra persona. Esa persona también tendrá días aburridos, discusiones, preocupaciones, madrugones y planes que salen mal. Simplemente, no los sube a sus redes.
La clave está en recordar que la vida no es mejor porque quede más bonita en una fotografía. Podemos disfrutar de un momento especial y a la vez, tener una semana complicada. Podemos subir una fotografía en la piscina y estar preocupados por un examen. Una cosa no elimina la otra. Nuestra vida ocurre también cuando no hay una buena luz, cuando no sabemos qué hacer o cuando estamos en casa. Y aunque esto no tenga tantos “me gustas” probablemente sea lo más real.
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Fuente Lucia Se Casa https://ift.tt/3RQhNfO
Lola Lolita

(@arquesflor_)

