Hay tendencias de maquillaje que llegan, hacen ruido y desaparecen. Y luego están esas técnicas que, sin necesidad de convertirse en un fenómeno imposible de reproducir frente al espejo del baño, consiguen algo mucho más interesante: hacer que tu rostro se vea más favorecido sin que nadie sepa exactamente por qué.
El doble colorete pertenece, claramente, a la segunda categoría. Si has oído hablar de esta técnica y te has imaginado dos capas de blush hasta conseguir unas mejillas de muñeca, tranquilidad: no va de aplicar más producto. Tampoco de acumular color hasta que el colorete sea lo primero que se vea al entrar en una habitación. El truco está en combinar dos tonos —o dos intensidades— y colocarlos estratégicamente en diferentes zonas del rostro para crear dimensión, aportar frescura y conseguir un efecto más integrado.
Y precisamente por eso tiene todo el sentido cuando hablamos de maquillaje de novia o de invitada. Porque en un día en el que quieres verte especialmente guapa, pero seguir sintiéndote tú, cualquier técnica que consiga dar vida al rostro sin endurecer las facciones merece nuestra atención.

¿En qué consiste exactamente el doble colorete?
La idea es sencilla: un tono más claro aporta amplitud y frescura, mientras que uno ligeramente más intenso ayuda a definir. Juntos crean un degradado que da profundidad a la mejilla y consigue que el rostro tenga un aspecto más tridimensional.
Piensa en ello como cuando eliges dos tonos de una misma paleta para maquillar los ojos. No utilizas ambos para hacer el maquillaje más intenso porque sí, sino porque cada uno cumple una función.
Ver esta publicación en Instagram
Con el colorete ocurre lo mismo. Puedes combinar, por ejemplo, un rosa suave con un rosa más profundo, un melocotón delicado con un terracota o dos tonos de una misma familia cromática. La clave está en que sean compatibles entre sí y con tu subtono de piel. Si tu piel es cálida, los tonos melocotón, coral, albaricoque o terracota pueden funcionar especialmente bien. Si es fría, rosas, malvas y tonos frambuesa suelen integrarse de maravilla.

¿Y dónde va cada uno? El tono más claro puede extenderse por la zona central del pómulo y difuminarse ligeramente hacia la sien. El más intenso se concentra en una zona más concreta, normalmente en la parte alta de la mejilla, para aportar definición. El resultado debe ser un degradado suave, sin cortes y, sobre todo, sin que parezca que llevas dos coloretes diferentes.
El efecto que buscamos: buena cara, pero en versión sofisticada
Aquí está la verdadera gracia de la técnica. El doble colorete no pretende transformar tus facciones ni convertir el maquillaje en protagonista. Busca ese efecto tan deseado de “qué buena cara tienes”. Y para una novia, esto es casi una declaración de intenciones.

Después de meses pensando en el vestido, el ramo, las flores, los zapatos y todos esos pequeños detalles que hacen que una boda sea vuestra, el maquillaje debería acompañarte, no disfrazarte. El colorete, bien trabajado, puede devolver al rostro la frescura que a veces se pierde entre la base, el corrector y el resto de productos.
Además, la técnica funciona especialmente bien con una piel luminosa y natural. La combinación de texturas cremosas o fluidas con un toque de producto en polvo puede conseguir que el acabado se vea jugoso de cerca y, al mismo tiempo, tenga suficiente definición para fotografía y vídeo. Porque sí: el maquillaje de boda tiene que sobrevivir a algo más que al espejo.
Dos tonos, muchas posibilidades
No existe una única combinación válida. De hecho, una de las cosas más interesantes del doble colorete es que puedes adaptarlo completamente a tu estilo. Si eres de las que apuesta por el clean look incluso el día de su boda, prueba con un rosa nude muy suave como base y un rosa ligeramente más intenso para definir. El resultado es fresco, romántico y prácticamente imperceptible.

Para una novia que quiere ese efecto de piel bañada por el sol, la combinación melocotón + terracota es una apuesta preciosa. Eso sí, utiliza el tono más cálido con moderación y asegúrate de difuminarlo bien para que el acabado siga siendo elegante.
¿Te gustan los tonos rosados? El dúo rosa bebé + frambuesa puede aportar ese efecto de mejillas naturalmente sonrosadas que funciona especialmente bien en pieles claras y medias. Y si buscas algo más sofisticado para una boda de otoño, los tonos ciruela, rosa viejo o berry pueden ser una auténtica maravilla. Aplicados con ligereza, aportan profundidad y tienen ese punto elegante que encaja especialmente bien con bodas celebradas al final del día.
Ver esta publicación en Instagram
Los coloretes que debes tener en el radar
La buena noticia es que no necesitas convertir tu neceser en el laboratorio de una maquilladora profesional. Muchas firmas cuentan ya con fórmulas que permiten trabajar el color por capas y difuminar fácilmente.
Entre los clásicos está NARS, cuyo icónico Blush es uno de esos productos que lleva años ocupando un lugar privilegiado en los neceseres de maquilladores y amantes del maquillaje. Sus diferentes tonos permiten jugar con intensidad y acabados sin renunciar a un resultado sofisticado.
Ver esta publicación en Instagram
Otra firma a tener en cuenta es Dior, especialmente si buscas ese acabado de mejilla fresca y modulable. Sus coloretes permiten construir el color progresivamente, algo fundamental cuando queremos trabajar dos tonos sin que el resultado quede pesado.
Ver esta publicación en Instagram
Rare Beauty también tiene mucho que decir en esta tendencia. Sus coloretes líquidos se han convertido en uno de los productos más reconocibles de la marca precisamente por su pigmentación y por la posibilidad de modular el resultado. Aquí, eso sí, una pequeña advertencia: menos es más. Una cantidad mínima puede ser suficiente.
Ver esta publicación en Instagram
Si prefieres una textura en crema, Westman Atelier ofrece ese tipo de acabado natural y pulido que parece fundirse con la piel. Es una opción especialmente interesante si tu idea de maquillaje de novia pasa por una piel ligera, luminosa y muy cuidada.
Ver esta publicación en Instagram
Y, por supuesto, Armani Beauty se suma a la conversación con sus coloretes en formato barra, pensados para trabajar fácilmente el color sobre mejillas y labios. El formato stick resulta especialmente práctico para construir capas sin perder ese efecto de segunda piel.
Ver esta publicación en Instagram
También merece la pena mirar las propuestas de Charlotte Tilbury, Estée Lauder, MAC Cosmetics o Gucci Beauty, firmas con una amplia variedad de tonos y texturas que permiten adaptar la técnica tanto a maquillajes naturales como a propuestas algo más sofisticadas.
Ver esta publicación en Instagram
¿Y si eres novia? Así puedes llevarlo sin perder tu esencia
Aquí llega la parte importante: no tienes que seguir la tendencia literalmente. Si vas a casarte y nunca utilizas dos coloretes, no es necesario experimentar con una técnica completamente nueva el mismo día de tu boda. Puedes incorporar la idea de una forma mucho más sutil: elegir dos tonos muy próximos entre sí y pedir a tu maquillador que trabaje uno como base y otro para aportar dimensión.
De hecho, esta es probablemente la mejor manera de llevar la tendencia al terreno nupcial. El objetivo es que el maquillaje se vea bonito en persona, en las fotografías y cuando vuelvas a mirar tu álbum dentro de veinte años. Por eso conviene evitar modas demasiado marcadas y apostar por una versión personalizada de la técnica.

Una buena prueba de maquillaje es el momento perfecto para experimentar. Puedes probar diferentes colocaciones, comprobar cómo se comportan los tonos con la luz natural y ver qué ocurre cuando sonríes, cuando hablas o cuando pasan varias horas. Porque el colorete también cambia con el rostro.
Un último truco: el doble colorete también puede ayudarte a equilibrar las facciones
Más allá de la tendencia, esta técnica tiene un pequeño as bajo la manga: la colocación del colorete puede modificar visualmente la percepción de las proporciones del rostro.
Si quieres alargar ópticamente el rostro, llevar el color ligeramente hacia arriba y hacia la sien puede crear un efecto más estilizado. Si buscas aportar amplitud y dulzura, concentrar parte del tono en la zona central de la mejilla puede resultar más favorecedor.
Ver esta publicación en Instagram
No se trata de seguir reglas rígidas porque cada rostro es diferente, sino de entender que el colorete no es simplemente un toque de color. Es una herramienta para trabajar la dimensión, la luz y la expresión.
Y quizá ahí está la razón por la que esta tendencia tiene tantos puntos para convertirse en una de las favoritas del otoño: porque no te pide que cambies tu cara. Solo que la mires desde otro ángulo.

Así que, novia o invitada, la próxima vez que abras tu neceser no pienses en “ponerme más colorete”. Piensa en ponerlo mejor. Un tono para despertar la piel, otro para dibujar suavemente el pómulo y una buena brocha para conseguir que ambos se fundan. El resultado: una piel con más vida, un rostro con más dimensión y ese efecto tan difícil de conseguir que todas buscamos cuando tenemos algo importante que celebrar: parecer espectacular sin parecer excesivamente maquillada.
from Lucia Se Casa https://ift.tt/Y9oFunr
Fuente Lucia Se Casa https://ift.tt/Y9oFunr
No hay comentarios:
Publicar un comentario